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domingo, 27 de marzo de 2011

El Gran (Juanito Covarrubias).


Fue en los tiempos en que todos nos masturbábamos con pensamientos infantiles, en esos días en que todos andábamos llenos de mocos y pasados a pichi de barrio. Porque la periferia tiene ese olor único a hambre y tierra, a pichi y a mierda que solo los que nacimos en esos lados nos acostumbramos y nos parece lo mas familiar del mundo.
Y fue un día de verano donde con la patota pinganilla nos pusimos de acuerdo para ir a jugar a esas canchas de futbol que quedaban a unos cuantos minutos del suburbio, y decir canchas de futbol era mucho, porque solo era un peladero que nosotros como pequeños duendes veíamos como el nuevo gasómetro, como el maracaná o quizás como cuantos estadios mas donde los verdes disfrazan galuchas y boleterías. Teníamos la ilusión de ir a correr tirando el olor a chingue contra el viento, de marcar un gol al último minuto pa` salir corriendo y ser el súper héroe de la jornada.
Todo se desarrollo con perfecta calma, al momento de llegar y después de chacotear con los brocas, nos pusimos en fila y el Raúl y el Churringa, como los más viejos del grupo, después de un disputado cachipun para ver quien elegía primero, fueron separando a los integrantes, uno pa`lla otro pa´ca y así los equipos empezaron a tomar forma. Después y como lo dicen los códigos marginales y para no confundirse con quienes desde ese minuto empezaban a ser nuestros enemigos, (porque así siempre lo dijo el viejo, en la cancha no hay amigos y yo le creí), nos toco sacarnos la polera y así con nuestras tetillas peladas al viento, empezó la pichanga.
Eran horas y horas corriendo tras ese trapo, con el sol quemándonos nuestros cuerpos cholos y cada vez que me llegaba la pelota soñaba con que era “Juanito Covarrubias” , el histórico puntero izquierdo del equipo nortino que me dio tantas alegrías, y así corría como si me siguiera la vieja pa` machucarme el mate después de cometer alguna travesura y cuando logre controlar el trapo con esa dificultad que tenemos los que somos solo buenos para ver el futbol por tv, me saque a no se cuantos y seguí corriendo y casi por un milagro, me saque al último defensa del equipo contrario y cuando llegué a lo que nosotros llamábamos línea de fondo, que no era mas que donde se terminaba la tierra y empezaban las dunas con mas tierra, saque un centro llovido que te lo encargo, y el trapo que no caía del cielo y se fue, mientras los pibes expectantes esperaban y se fue, mientras algún testigo se tomaba la cabeza, se fue, mientras en la entrada del área todos esperaban que cayera hasta que cayo y cayo, solo con un pequeño problema, que cayo, pero hasta la casa mas lejana. Cayo justo ahí donde el viejo cojo, ese que las oficiaba de zapatero, el mismo que nunca entregaba una pelota y cuando lo vimos salir esto nos pareció distinto, porque por lo que contaron los chicos de esto no se tenia referencias, el cojo nos miro y con esa sonrisa de medio la`o que tienen los tiranos, apoyado en su bastón de fierro y en el otro un cuchillo, salio lentamente, bajo el primer peldaño de su casa y todos expectantes cuando en ese momento el tiempo se detuvo porque el viejo cojo agarro el trapo, nos miro como disfrutando el minuto y luego apuñalo con la cuchilla hasta que se canso el viejo de mierda y nos dejo sin pelota y sin pichanga.
Ahí nos quedamos todos amurrados mirándonos unos con otros y esos otros y esos unos me miraban a mi y me decían pero como tan “weon”, te creí bueno y tení menos brillo que piso de tierra, y yo con mi cara llena de inocencia y mocos, saque esa voz de pito que uno tiene a los ocho años y les dije, no me digan nada, critíquenme y ódienme, porque digan lo que digan o griten lo que griten, y fue ahí cuando me emocione, porque siempre he sido malo pa` esta wea del futbol, pero esta vez fue distinto, porque esta vez yo me sentí correr contra el viento, como el gran “Juanito Covarrubias”.





por Sudaca

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