
Mientras la reconstrucción se convierte en una dura batalla para el Gobierno a casi un año del 27 de febrero, la respuesta turística del borde costero afectado por el maremoto ha sido lenta. Los alcaldes y microempresarios luchan por recuperar inversiones destinadas a encantar a los visitantes al litoral sureño, los que por cierto, escasean. “Estamos mucho mejor que antes, pero los medios venden con la tragedia y asustan a los turistas”, dicen.
Las diferencias surgen a primera vista. Las cosas ya no son como antes y lejos de mejorar, las cifras asustan. El borde costero de las regiones del Maule y Biobío vive hoy momentos decisivos respecto a recuperación económica. Microempresarios que lo perdieron todo a causa del maremoto del 27 de febrero lucharon más de nueve meses por levantar sus puestos de trabajo, esperando que el turismo fuese el broche de oro a la recuperación económica y de sus propias vidas.
Lamentablemente, las expectativas eran muy altas, los turistas se reducen y si el 2010 fue difícil después de perderlo todo, el año que comienza será más complejo, a medida que la reactivación turística se posterga.
Iloca y Duao son dos de los centros turísticos que sufrieron mayores consecuencias luego del cataclismo. Las imágenes de la tragedia recorrieron todo el mundo mientras la comuna de Licantén se puso de pie. El alcalde Héctor Quiero señala que “fue necesario un trabajo importante de todos los vecinos, apoyados por el Gobierno y algunas empresas pudimos limpiar rápidamente y comenzar a reconstruir”.
A casi un año del sismo, el edil señala orgulloso los avances en materia de reconstrucción, pero lamenta el escaso aporte de la prensa: “Atemorizan a la gente al decir que viene otro terremoto, juegan con el tema y eso afecta mucho, porque los turistas ya no se quedan por temporadas largas, como es costumbre. Acá nosotros tenemos todo en óptimas condiciones, hemos sido una comuna organizada e incluso estamos mucho mejor que antes, pero los medios venden con la tragedia y asustan a los turistas”.
El resultado de ello señala bajas mayores a un 50%, con muchos turistas que sólo van por el día y no pernoctan en los destinos turísticos. Con ello, el consumo baja ostensiblemente, ahogando las posibilidades de reacción de un rubro que se nutre durante el verano para enfrentar todo el año, dejando las cosas cuesta arriba para miles de microempresarios costeros.
La playa está lista
En la región del Maule, las playas registran las peores consecuencias luego del maremoto. Balnearios como Pelluhue, Constitución e Iloca se vieron fuertemente afectados. Incluso a la fecha, la comuna de Constitución registra desaparecidos, que son la huella humana de la tragedia. Por otro lado, el Gobierno instauró un trabajo de emergencia que permitiera recuperar la infraestructura turística. La Subsecretaría de Desarrollo Regional anunció en noviembre el “Plan Verano”, un programa que implicó retirar escombros de los primeros metros de costa, limpiar las playas y habilitar accesos a discapacitados al litoral afectado. Además, se implementaron programas del Servicio de Cooperación Técnica (Sercotec) destinados a microempresarios, permitiendo con ello recuperar la infraestructura estival.
La directora regional de Sernatur Maule, Julieta Romero, grafica la situación señalando que “la oferta gastronómica tuvo bastante movimiento, no así la capacidad hotelera, donde muchas vacantes han quedado vacías ante la reticencia de los veraneantes por alojar en la costa”. Romero indica que los programas de Gobierno permitieron favorecer una revitalización del rubro, pero ante la ausencia de veraneantes, los comerciantes han debido bajar sus tarifas, hasta peligrar sus ingresos y recuperar sus inversiones.
Turismo v/s maremoto
Cobquecura, epicentro del movimiento telúrico, es el destino que da inicio al prolífico borde costero del Biobío. El alcalde (s) Luis Vargas destaca que a pesar de las inclemencias del terremoto, las aguas no afectaron a una localidad de adobe que hoy sigue su proceso recuperativo. Luego de perderlo todo, la mirada siempre es alentadora: “Mucha gente hoy está mejor que antes, pasamos de vivir en condiciones precarias a que se modernizara n los servicios básicos. Hoy estamos preparados para todo. Los turistas han bajado, pero la gente que viene se da cuenta que estamos mejor que antes”, dice.
En esta dirección, Vargas, director de Obras de la comuna, destaca los avances al señalar que “la infraestructura turística está al 100%, tanto en hoteles como restaurantes. El turista tiene asegurada una calidad en el servicio que incluso es superior a otros lugares que no se vieron afectados, ya que nuestro desafío es reinstalar el destino costero entre las alternativas más convenientes”.
Katherine Echaiz, quien dirige la oficina de Sernatur en la región, grafica la situación diciendo que existe tasa de ocupación del 30%, cuando en años anteriores los índices rodeaban el 60% o 70%. La autoridad destaca medidas implementadas en Dichato, donde un “Mall Container” alberga a 30 microempresarios gastronómicos, artesanales y comerciantes. A su juicio, la reactivación ha considerado la inclusión de diversos actores: “Convocamos a marcas auspiciadoras que llegan a las playas, hay un cine al aire libre y pudimos gestionar cajeros automáticos, sumado al trabajo de los municipios que han doblado esfuerzos para atraer veraneantes”, explica.
La curiosidad turística
En este escenario, el interés por conocer la recuperación en el foco principal de la tragedia puede servir como gancho para los veraneantes. En esa línea, el alcalde Vargas apela a un doble sentido del manejo de los medios sobre el tema, al subrayar que “la mediatización que se hizo sobre el terremoto perjudicó bastante, ya que Cobquecura hoy es sinónimo de terremoto. Nuestro patrimonio es de adobe y fue seriamente dañado, pero los locales comerciales y cabañas fueron levantados nuevamente. Estamos luchando por vencer ese estigma que ha surgido de la prensa”.
Para la comuna epicentro, las pérdidas patrimoniales son hoy un argumento que permite integrar a los veraneantes en el proceso de reconstrucción: “El hecho de ser declarados Zona Típica implica un estudio más acabado que demora más tiempo, lo que ha retrasado la recuperación de ciertas dependencias, pero permite conocer el avance de las obras de una comuna que se levanta”.
Por Juan San Cristóbal
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